16 km
630 metros
6,30 horas
media

El domingo 22 de enero, nos desplazamos a Almería, en la zona de Adra, para realizar una bonita ruta por la rambla de los Guaínos, de la mano de nuestro guía Pepe Rubia.

Dejamos nuestros coches en Guaínos Altos, donde comenzamos nuestra ruta a pie.

14 fuimos las personas que nos dinos cita para compartir esta preciosa ruta que comenzamos a disfrutar paseando por la rambla de los Guaínos, en sentido ascendente.

Al principio fue un falso llano y aproximadamente a 700 metros de la salida, abandonamos la rambla, para incorporarnos a la colada de la Lanchaza e iniciamos la primera pendiente, un precioso sendero en zig-zag que muy pronto hizo que tuviéramos que quitarnos la primera capa de ropa.

Pasamos por unos cortijos desperdigados, algunos de los cuales conservaban aún una bonita arquitectura con la piedra como base, y además teníansus huertas bien cuidadas.

Seguimos el sendero, con una pendiente cada vez más fuerte, hasta llegar a la cota de 497 metros de altitud, e internarnos en el valle del barranco de la Alcazaba.

A partir de aquí, comenzamos a ver las espectaculares panorámicas de la costa de Almería, el puerto de Adra y sus invernaderos, así como las vistas sobre el valle en el que nos adentrábamos donde predominaban los almendros ya florecidos, y algunos cultivos de vides y olivos acompañando a cortijos aislados.

Cerca de las Peñas Bermejas, hicimos nuestra parada de la fruta y departimos en animada charla, era nuestro merecido premio por la fuerte subida.

A partir de este punto, nuestro camino ya fue de bajada, buscando las inmediaciones del cortijo de los Carrizos, y unos kilómetros más abajo, llegamos a la Ermita de San Isidro, donde comimos nuestros bocatas, regados con nuestro buen aceite, y compartimos manjares, como siempre, un poco de queso, unos frutos secos, unas galletas, chocolate,…

Después de las fotos de rigor, y de tomar un poquito el sol, nos dispusimos a bajar otra vez a la Rambla de los Guaínos, que ya no abandonamos hasta el final de nuestra ruta, no sin antes pasar por algunas pequeñas ferratinas. Disfrutamos también de algún salto de agua, unos buenos grupos de cañaverales, y la compañía de este estupendo grupo que tanto disfrutamos de nuestras visitas a la naturaleza y la montaña.

Queremos recalcar la especial atención de nuestro guía, que en todo momento estuvo pendiente de nosotros, y no cesó de enseñarnos las plantas autóctonas, las particularidades orográficas del terreno, así como contarnos alguna que otra leyenda del lugar.

Un ruta fantástica, que queremos compartir con vosotros enseñándoos nuestra selección de fotos.