16 km
450 metros
No
6,30 hotas
Media

La Morra del Haza de Mesa

La ruta de este domingo, 28 de mayo, ha resultado una ruta con historia. En principio, estaba previsto que nuestro socio Pepe Rubia nos condujera por una bonita ruta por las Albuñuelas. Sin embargo un problema médico inesperado 48 horas antes, del que esperamos se recupere pronto, lógicamente obligó a cambiar de guía y de ruta. La ruta propuesta por Juan Francisco, dadas las altas temperaturas que estamos alcanzando estos últimos días de mayo, cercanas a los 40º, fue la de La Hoya de la Mora a los Lagunillos de la Virgen hasta el Lagunillo Misterioso, por encima de los 2500 m de altitud.

Con este objetivo nos desplazamos un grupo de 10 socios hasta la Hoya de la Mora; pero al llegar nos encontramos con un fuerte y frio viento, además de una previsión atmosférica de posibles lluvias vespertinas en Sierra Nevada. Esta inesperada situación atmosférica, junto al hecho de que algunas de las personas que había acudido a la convocatoria de ruta no habían visto el correo en el que se advertía el cambio de itinerario por uno de mayor altitud y por tanto no se habían preparado con la ropa adecuada para aislarse del frio y hacer frente a una eventual precipitación, motivó que el guía tomara la decisión de cambiar nuevamente el itinerario a otra ruta más segura. Así que, para no alejarnos mucho de nuestra situación, pero hacer una ruta algo más baja y al abrigo de los vientos, volvimos sobre nuestros pasos (neumáticos) hasta el carril que antes de los Peñones de San Francisco nos dirigió al Refugio de San Francisco, para desde aquí bajar ascender hasta el Arrollo San Juan y desde aquí encaminarnos a La Morra. Efectivamente el nuevo trayecto nos aisló del viento y la temperatura era ideal para caminar. Las vistas de la bajada bonitas y verdes, con La Morra omnipresente y la cima del Veleta asomando tras algunos de los recodos del camino. Dado que el grupo no ha sido numeroso la marcha ha sido compacta y animada por el disfrute paisajístico y la animada charla habitual.

Al descender al Arrollo San Juan la imagen de las frescas aguas saltarinas nos invitaron a hacer la primera parada para tomar algo de agua y fruta. Tras unos minutos continuamos ascendiendo por el curso del arroyo hasta la pequeña cascada junto a la Piedra Resbaladiza. Una preciosa y refrescante imagen a la que volveríamos más adelante para hacer la parada del almuerzo. Desde la cascada parte una acequia cuyo cómodo curso nos condujo hasta el pie de La Morra. Un poco de subida y una ligera trepa final nos situó en el punto más alto desde donde pudimos disfrutar de una magnífica y amplia perspectiva a dos aguas, entre el Barranco de San Juan a nuestra derecha y el Genil a nuestra izquierda con la Alcazaba y el Veleta frente a nosotros. Desde este punto las alternativas que se nos ofrecían para completar nuestro recorrido eran varias, y elegimos continuar subiendo por la cuerda que sube en dirección a los Tajos del Campanario hasta los Atalayones donde a las vistas anteriores se suma la imponencia del Mulhacén y la vista de las altas cumbres de Sierra Nevada desde el Picón de Jérez hasta el Veleta. Impresionante. Naturaleza pura, imponente por su imagen majestuosa.

El recorrido lineal de nuestra ruta nos condujo a desandar nuestros pasos para volver de nuevo a la cascada del Arrollo San Juan que ya habíamos visitado para, a su vera, disfrutar de las livianas viandas que para regalo de nuestro paladar habíamos preparado, regadas con el oporto de la bota de José y el aceite de Baena que nuestro querido compañero Ramón nos había hecho llegar aunque no contáramos con su compañía. El sentimiento de satisfacción por el lugar elegido para comer era unánime: menuda sensación junto a la cola de la cascada refrescando el ambiente con el agua vaporizada que generaba su caída; la mejor terraza de restaurante para nuestro merecido descanso. Tras la pausa de la comida, y el disfrute del fresco lugar, emprendimos la ascensión de vuelta.

Una bonita e inesperada ruta nos ha sido regalada hoy por la concentración de aciagas circunstancias. Como dice un antiguo refrán castellano, “no hay bien que por mal no venga”. Pero para ello sea posible no hay nada como reconocer y aceptar la realidad tal y como es, para desde aquí reenfocar nuestros pasos desde las circunstancias tal y como son, con una mente abierta a lo que la vida nos va ofreciendo, momento a momento.

Juan Fco.